Inicio > Finanzas > Educación financiera > ¿Qué es la inflación y cómo afecta a mi bolsillo?

¿Qué es la inflación y cómo afecta a mi bolsillo?

Finanzas
12min.
¿Qué es la inflación y cómo afecta a mi bolsillo?

¿Tienes la sensación de que todo no para de subir de precio o que tu sueldo da cada vez para menos? No son imaginaciones tuyas, es la inflación, un fenómeno económico global que afecta a lo largo y ancho de la sociedad, pero quien más sufre es el consumidor final.

En las noticias, en las tiendas, entre amigos… El término “inflación” parece que está siempre presente en nuestras vidas pero, ¿sabemos qué es la inflación? Lo cierto es que se trata de un concepto esencial para entender la economía, tanto en general como a nivel doméstico. 

Qué es la inflación

El Banco de España (BdE) define a la inflación como el crecimiento general del nivel de precios de consumo. Hablamos de ella cuando la economía sufre un aumento de los precios sostenido durante un periodo de tiempo concreto. Es, por tanto, la culpable de que antes un piso valiera 20 millones de pesetas (120.200 €) y ahora, en cambio, pueda valer más del doble. 

Hablamos de inflación cuando afecta al gran grueso de productos y servicios disponibles, lo que hace que el coste de vida aumente y, por tanto, se reduzca nuestro poder adquisitivo. Si lo miramos desde otro punto de vista, podemos decir que el valor del dinero cae, ya que con la misma cantidad de dinero que utilizamos ayer, hoy podemos comprar menos cosas. 

¿Esta subida constante es para siempre? Aunque la duración exacta depende de cada país y su situación concreta, la inflación suele terminar con la desinflación, que es una caída moderada de precios tras un periodo de inflación sin que el crecimiento acabe en números negativos. Si lo hace el escenario cambia, pasando a ser una deflación, que consiste en una bajada generalizada de precios durante al menos dos semestres consecutivos. Por bien que suene eso de que los precios bajen, la deflación también tiene efectos muy negativos para la economía ya que frena al sector económico y termina aumentando el paro, entre otras consecuencias. 

Por último, si este crecimiento se produce de forma acelerada es lo que se conoce como hiperinflación, un fenómeno devastador para los bolsillos de los ciudadanos y que han vivido y viven países como Argentina o Venezuela, entre tantos otros. 

Las causas de la inflación

Las subidas de precio generalizadas no siempre son causadas por un mismo factor. Existen varios motivos que, unas veces solos y otras concatenados, hacen que una economía entre en una etapa de inflación. Revisemos las principales, ya que conocerlas nos pueden ayudar a detectarlas y anticiparnos a ellas. 

Un aumento general de la demanda 

Como sabrás, una economía se basa en el equilibrio entre oferta y demanda. Dicho con un ejemplo, si hay diez compradores de coches, lo correcto es que se fabriquen y vendan diez vehículos y no más. 

Un exceso de oferta (es decir, de productos o servicios) hace que haya más unidades en venta que compradores, lo que fuerza a los productores a bajar precios antes de correr el riesgo de no vender. Cuando pasa al revés, es decir cuando hay más demanda que oferta, los precios suben en lugar de bajar debido a que hay varios consumidores interesados en comprar ese producto. Algo parecido a lo que pasó con las mascarillas al inicio de la pandemia. Si esto se produce de forma generalizada y no solo en un producto o grupo de productos es cuando hablamos de inflación. 

Las formas más habituales de superar esta situación pasan por aumentar las rentas de los hogares o bien mediante políticas económicas expansivas que permitan poner más dinero en circulación con el fin de elevar el gasto. Sea una u otra y al margen de casos particulares, es necesario una intervención del Estado para que estas soluciones puedan llevarse a cabo. 

Aumento de los costes de producción

Aunque es un factor clave, las subidas o bajadas de precio no siempre dependen de la oferta y la demanda. En ocasiones, un aumento de los costes de producción puede ser tan peligroso como uno de compradores. 

¿Qué puede aumentar los costes de producción hasta crear inflación? Pues la respuesta es más variada de lo que se pueda parecer. Algunos de los más comunes son cuando se dan subidas en:

  • Coste de las materias primas que utilizan las industrias
  • Coste de la energía (electricidad, petróleo o carbón)
  • Coste logístico (combustible, peajes, vagas, aranceles…)
  • Costes de personal (subidas del sueldo mínimo, falta de mano de obra…) 
  • Desastres naturales y conflictos internacionales

En esta última categoría se encuentra el proceso inflacionario que vivió (y sigue viviendo) Europa al completo debido al conflicto entre Rusia y Ucrania iniciado en 2022. La destrucción o cierre de muchas industrias productoras unido al cierre de gasoductos provenientes de Rusia causó una escasez de materiales que golpeó a diferentes sectores.

Políticas perjudiciales para la economía

Además de las situaciones que acabamos de comentar, un país puede sumirse a él mismo en una inflación y, de paso, hacer que otros lo acompañen sin necesitar excesos de demanda o aumentos de costes. Ya sea a través del Estado u otros organismos públicos o privados, pueden lanzarse políticas que, de una forma consciente o no, disparen los precios

La geopolítica dispara la inflación

Una de las históricamente más habituales son precisamente las políticas fiscales y monetarias expansivas que comentábamos en el primer punto. Estas pueden ser una buena solución o el inicio de un problema mayor si no se aplican correctamente. Un buen ejemplo es la emisión de más dinero, la cual aumenta la capacidad financiera de los ciudadanos en un primer momento, pero puede ocasionar que el dinero se deprecie rápidamente y, por tanto, los productos y servicios suban de valor. 

También puede darse el caso que la moneda pierda valor como fruto a políticas deficientes de interior o de exterior. Esta situación hace que los productos o materias primas importadas aumenten su valor, ya que monetariamente cuestan más de adquirir. Por este y otros motivos es importante no tener una alta dependencia de países extranjeros. 

Un buen ejemplo de este segundo supuesto y además reciente son los aranceles marcados por Donald Trump, los cuales por un lado han aumentado el coste de muchos productos importados desde Europa o Asia a Estados Unidos y, por el otro, ha hecho que otros países respondan fijando sus propias tasas, lo que ha hecho que todos los productos americanos suban de precio para los ciudadanos de esas naciones. 

El miedo es el peor enemigo del dinero… y también de los estados. ¿Por qué contamos esto? Porque, a veces, algunos países o empresas pueden tratar de anticiparse a una posible inflación futura. Lo hacen mediante ajustes en la oferta tales como elevar precios o subir los salarios. Una jugada inteligente, pero no tanto, ya que las previsiones no siempre son ciertas o exactas, por lo que es posible que se precipiten y aceleren el problema real. 

Ya, pero… ¿la inflación es mala o buena? 

A nivel consumidor, una subida generalizada de precios nunca parece una buena idea, pero si lo miramos desde un prisma global la realidad es algo distinta. Como pasa con -casi- todo en la vida, la inflación puede ser buena o mala, todo depende de la cantidad. 

Para muchos economistas y expertos, una inflación moderada es sinónimo de salud económica. En este contexto los precios suben, pero los sueldos también. Este equilibrio hace que el consumo no pare y, con él, la economía del país, la cual va creciendo poco a poco. 

“Un nivel de inflación del 2 % es algo que podemos considerar normal”

El Banco Central Europeo (BCE) vela por la inflación dentro de los estados miembro, aplicando políticas globales que buscan tener controlada la inflación (que no eliminarla). Para ellos, la inflación ideal debe ser de alrededor de un 2 % de forma continuada, lo que permite mantener una buena estabilidad en los precios a medio plazo sin tirar por la borda planes de crecimiento. Y es que, tal y como dice el BCE, una inflación demasiado baja puede ser tan o más perjudicial que una alta. 

Cabe destacar que este 2 % de inflación que marcan desde Europa es el porcentaje ideal para los países del Viejo Continente, pero no para todos. Para hallar la inflación adecuada deberían tener otras naciones es necesario estudiar las particularidades de su economía, su capacidad de crecimiento y si existen entidades como el BCE que apliquen políticas económicas.

Cómo saber cuál es el nivel de inflación que atravesamos

Como acabamos de ver, el grado de inflación es lo que debe preocuparnos. Si es baja, no hay problema, pero si es alta… Para comprobar en qué punto está hay diversas formas, aunque la más sencilla es consultar un índice de precios

¿Qué es un índice de precios? Un indicador económico que mide y pondera la variación de precios medios de un tipo de productos o servicios específicos durante un período concreto. El más famoso y útil para comprobar la inflación española es el Índice de Precios de Consumo, más conocido como el IPC. Puedes consultar la inflación actual desde la web del INE, donde incluso puedes ver cómo ha aumentado desde diversas décadas atrás. 

Otras opciones que podemos consultar es el Índice de Precios de Consumo Amortizado (IPCA o IAPC), un indicador realizado por Eurostat y utilizado por el Banco Central Europeo (BCE) a la hora de controlar la estabilidad de los precios dentro del viejo continente. Si quieres revisarlo, también puedes consultar el IPCA en la web del INE

¿Cómo luchar contra la inflación? 

Nos guste o no, la inflación es algo con lo que debemos lidiar. Como hemos visto, esta está presente hasta en una buena economía, así que conviene actuar para no quedarnos atrás. Veamos qué opciones tenemos a nuestro alcance para tratar de combatir la constante pérdida de valor del dinero

Apretarse el cinturón

Cuando llegan períodos de inflación alta, lo más habitual es notarlo en la cesta de la compra. A corto plazo, reducir el consumo de los productos que suben o sustituirlos por otros más baratos puede ser una buena solución. También ayuda tratar de recortar los gastos en general, algo que puede ayudarnos a lograr el minimalismo financiero.

También es importante no olvidar el ahorro. Las épocas más difíciles suelen repercutir negativamente en el ahorro cuando, en realidad, es cuando más falta hace. Así que, aunque la cantidad guardada mensualmente sea menor, conviene no perder el hábito. 

Una hucha de cerdito y una mano poniendo una moneda dentro

No guardes demasiado efectivo en casa 

Tener dinero en efectivo es una gran idea para poder dar respuesta a diversas urgencias. Pero no conviene tener grandes cantidades como medida de ahorro. El BCE recomienda tener en casa entre 70 y 300 € por persona, y lo cierto es que no deberíamos tener mucho más. 

Además de por temas obvios de seguridad y que no se permiten pagos en efectivo de más de 1.000 €, ahorrar mucho dinero en casa supone exponerlo totalmente a la inflación y hacer que poco a poco vaya perdiendo valor. 

Pon a trabajar a tus ahorros

Ok, tener nuestros ahorros en casa es una idea pésima, pero el banco podría ser casi igual de malo. Todo depende de dónde los tengamos. Muchas cuentas corrientes y de ahorro no tienen ningún coste, pero tampoco ofrecen ninguna rentabilidad. A efectos prácticos es como tenerlos en un cajón, pero en el banco. 

La solución básica aquí es buscar cuentas remuneradas. Estas opciones ofrecen un pequeño interés, pero a menudo es suficiente para combatir la inflación e incluso ganar un poco.  

Existen otras opciones si queremos ir un paso más allá, aunque estas pasan por la inversión, lo que requiere tener la capacidad de no tocar esos ahorros durante un tiempo. Las Letras del Tesoro, por ejemplo, son una buena alternativa si buscamos opciones seguras y a corto plazo. Funcionan a un año máximo y tienen una rentabilidad garantizada, aunque depende mucho del estado de la economía para que esta sea mayor o menor. 

Si no nos gusta la idea de comprar deuda pública hay otras alternativas de bajo riesgo como es el caso de los fondos monetarios o los ETFs, por ejemplo. 

Tip financiero: 

Invertir en mercados extranjeros sin tanta inflación puede ser un buen seguro para nuestro dinero en ciertos momentos. Aunque recuerda contar con el conocimiento necesario antes de hacerlo. 

Evitar deudas con tasas variables

Es fácil encontrar en el mercado diferentes productos de crédito vinculados a los tipos de interés, por lo que su subida debida a la inflación puede traducirse en un aumento de las cuotas. Para evitarlo es clave confiar únicamente en créditos con tasas fijas como los que ofrece Cofidis, donde el TIN y el TAE se fijan en el momento de firma y se mantienen igual pase lo que pase. 

Aprende más formas de cuidar de tus finanzas 

El conocimiento es poder. Por eso, en el blog de finanzas personales de Cofidis tienes toda una biblioteca gratuita de contenidos para mejorar tu educación financiera y conocimientos acerca de ahorro e inversión.