Tener la casa calentita cuando llega el frío sale caro, muy caro. En la actualidad, la calefacción ya supone la mitad del gasto total en suministros energéticos de casi cualquier hogar… y eso que solo la encendemos unos meses. No en vano, ya se estima que aproximadamente 10 millones de españoles (más de un 20 % de la población) no pueden calentar su hogar adecuadamente debido a los altos costes. Es por eso que ahorrar en calefacción en invierno se ha convertido en la misión de muchísimos hogares, especialmente teniendo en cuenta que debemos ahorrar algo para las compras navideñas y otros gastos típicos de este periodo.
¿Qué nos cuesta encender la calefacción en época invernal?
De acuerdo con la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), cada familia en España gasta aproximadamente 640 euros al año en calefacción, casi un 7 % más que el año anterior. Esta cantidad, que ya es bastante significativa, puede variar enormemente debido a factores como el tipo de vivienda e instalación, el uso y, evidentemente, el precio de la energía, el cual suele subir siempre por estas épocas fruto del alto consumo y la propia inflación.
Dime qué calefacción tienes y te diré cuánto gastas
Existen muchas formas de llevar el calor a nuestro hogar. Algunas son baratas de instalar, pero su consumo dispara los costes, mientras que otras soluciones más modernas requieren una mayor inversión inicial para luego disfrutar de una factura mucho menor. Los principales y más comunes en el territorio español son el gas, el gasoil y la electricidad.
Desde hace no tantos años, a este clásico trío se le han sumado diversas alternativas como la biomasa, la calefacción por energía solar, la aerotermia y geotermia, muy utilizadas estas últimas en países fríos como Suecia, Noruega o Finlandia.
¿Cuál es mejor? Todo dependerá de nuestras necesidades, pero para poder decidir bien se necesitan certezas: veamos rápidamente pros y contras de cada una:
El gas, tradicionalmente la alternativa más eficiente
La calefacción por gas es, por ahora, la opción más común en España. En ella se engloban diferentes opciones como el butano o el propano, aunque actualmente el dominante es el gas natural, presente en algo más del 40 % de los hogares al ser mucho más seguro y accesible.
Ofrece un calor intenso y continuo, lo que lo hace perfecto para calentar rápidamente todo tipo de viviendas, especialmente en climas templados como el nuestro. Si hablamos de costes, por ahora se sitúa a media tabla: es más económico que electricidad y gasoil, pero menos que las alternativas más sostenibles. Si tienes una alta dependencia a esta fuente de energía, quizá te interese echar un ojo a nuestros pasos para ahorrar en la factura del gas.
Electricidad: lo barato sale caro
Algo más del 34 % de los hogares españoles combate el frío con electricidad, lo que la convierte en el segundo tipo de calefacción más popular. Sus ventajas son muy evidentes. Es barata de instalar, puede ponerse en -casi- cualquier lugar y hay mil formatos para elegir: radiadores eléctricos, aires acondicionados con bomba de calor, calefactores portátiles…
En su contra, sin embargo, pesan algunas cosas que se deben tener en cuenta. Tiene el segundo consumo más caro de todos los tipos de calefacción, lo que se debe en parte al precio de la energía, pero también a su forma de producir calor, que requiere de un uso más intenso de electricidad para poder calentar un espacio o una vivienda. Esto hace que sea muy buena opción para pisos pequeños o segundas residencias, aunque es casi sinónimo de una factura de la luz alta si se hace un uso intenso de la calefacción o el espacio a calentar es grande.
El gasoil, un derivado del petróleo capaz de quemar bolsillos
Aunque en declive, este combustible fósil sigue calentando a más de un 10 % de la población. Es una fuente potente capaz de dar calor a grandes espacios rápidamente, lo que unido a la independencia que ofrece respeto a otros sistemas la convirtió en una opción muy popular en el pasado, especialmente en casas grandes o viviendas ubicadas en entornos rurales.
Esa “independencia” de la que hablamos es el primer de sus inconvenientes. No requiere estar enganchado a ninguna red, ya que funciona gracias a un gran depósito, lo que no solo ocupa un buen espacio en casa, sino que requiere que se vaya llenando de combustible periódicamente en función del consumo. Y ahí viene el segundo contra: el precio. Este es el tipo de calefacción más caro y, además, se paga todo de golpe y por adelantado. ¿Por qué? Cuando toca rellenar el depósito deberemos llamar a un pequeño camión cisterna para que acuda a abastecernos. ¿Significado? Un dineral. Aunque el coste del gasoil para calefacción es algo más económico que el usado por vehículos, asumir el coste de varios cientos de litros para llenar el depósito exige algo de planificación económica.
Por último no podemos olvidar que esta calefacción funciona por combustión, lo que tiene diferentes connotaciones y casi ninguna alentadora. Por un lado, genera bastantes emisiones de CO2 lo que la convierte en la opción más contaminante. La instalación, por otro lado, requiere de un mantenimiento periódico de zonas como el quemador o el propio depósito, así como revisiones y cumplimientos de normativa.
La biomasa, una opción mucho más sensata para el presupuesto
Tras gas, electricidad y gasoil, la biomasa es la alternativa más consolidada. Esta opción es notablemente más sostenible y, además, ya es la elegida por más de dos millones de hogares en España y subiendo. Aunque es adaptable a todo tipo de viviendas, esta fuente de calefacción ha encontrado su hogar como sistema central para bloques de pisos, que son actualmente los que más están apostando por la biomasa con mucha diferencia.
Los beneficios de la biomasa son varios. El primero y diferencial es que su caldera funciona mediante la combustión de materia orgánica como los pellets, que son pastillas prensadas de residuos secos de poda, aunque también puede ser alimentada con leña, astillas e incluso algunos huesos o cáscaras de vegetales y frutos secos. Esto hace que su coste sea más bajo que las opciones anteriores, aunque no está de más saber que el precio del pellet ha llegado a fluctuar bastante algunos años, generando alguna que otra microcrisis invernal.
Este sistema, que también puede usarse para calentar el agua de casa, tiene uno de los costes de instalación más económicos. En viviendas unifamiliares el coste puede ir desde los 2.000 € hasta los 12.000 €, mientras que en una comunidad el coste puede ir desde los 40.000 € hasta algunos cientos de miles, algo que debe asumirse en conjunto, claro.
La mayoría de sistemas actuales ya están automatizados, pero eso no les exime de un mínimo mantenimiento. Llenar el depósito de materia de quema o retirar las cenizas son cosas que deberán ir haciéndose sí o sí.
Otras opciones de calefacción sostenible
Las últimas opciones en llegar al mercado de la calefacción son, de lejos, las más baratas en términos de consumo. Tanto la aerotermia como la geotermia y la solar utilizan recursos naturales de nuestro alrededor para convertirlos en calor para el hogar a un coste ínfimo o incluso nulo.
Ahora bien, tener calefacción en casa sin gastar ni contaminar tiene un gran peaje: la instalación. Aunque se amortizan sobradamente a la larga, implementar estas tecnologías en el hogar no es nada económico. Instalar placas solares en un piso o una casa cuesta entre 3.000 € y 15.000 € de media, mientras que la aerotermia se sitúa en una horquilla de entre 8.000 € y 20.000 €. La geotermia, quizá la más especial, es todavía más costosa, con presupuestos que pueden oscilar desde los 15.000 € hasta más de 30.000 €.
Las ventajas de ahorrar en calefacción en invierno
Por si aún tienes alguna duda de empezar a recortar tus gastos de calefacción, repasemos cuáles son las ventajas principales de aplicar métodos de ahorro en el sistema de calor de tu hogar:
Reducción de gastos energéticos
Ahorrar en calefacción implica un descenso bastante considerable en las facturas de energía (que la energía barata no está), lo que tiene un impacto positivo en tu presupuesto doméstico. Para que te hagas una idea, se estima que el consumo medio mensual de calefacción de un hogar español se sitúa sobre los 80 €, lo que significa abonar entre 600 y 800 € al año. Cualquier recorte que podamos hacer sobre este total, será genial para nuestro ahorro.
Mayor eficiencia energética
Mejorar el aislamiento del hogar, instalar ventanas de doble cristal o termostatos inteligentes… Al implementar prácticas para ahorrar calefacción, se mejora la eficiencia energética de tu hogar, lo que contribuye a un consumo de los recursos más responsable y a obtener un mayor confort térmico sin tanto gasto ni contaminación.
Menor impacto ambiental
La reducción del consumo de energía contribuye a la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero, lo que beneficia al medioambiente. Adoptar prácticas de ahorro energético beneficia a nivel individual, pero la necesidad de ahorrar en calefacción en invierno va más allá de un simple ahorro económico: es un compromiso con la sostenibilidad ambiental.
Es importante tener presente que una caldera media puede llegar a emitir hasta dos toneladas de dióxido de carbono, para las cuales se necesitan hasta 100 árboles para llegar a absorberlas. Reducir las emisiones, por tanto, no solo supone un ahorro para nuestro bolsillo y un mayor bienestar, sino que también significa cuidar del planeta.
13 trucos para ahorrar en calefacción en invierno
Como hemos visto, combatir el frío en casa tiene un alto coste para nuestro presupuesto. Momento de ver cómo reducirlo, tengas la opción de calefacción que tengas instalada en casa.
1. Procura mantener una temperatura adecuada y justa
Es evidente que en invierno hace frío, pero hay una ligera diferencia entre encender la calefacción para evitar el frío y traer de vuelta el verano.
En este sentido, es importante evitar temperaturas altas dentro de casa si queremos reducir gastos innecesarios y no hacer un mal uso de energía. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), por el día es recomendable ajustar el termostato a 20-21 ºC.
En cambio, por la noche, lo mejor es apagar la calefacción. Según los expertos, con una temperatura entre 15 y 17 ºC es suficiente para dormir cómodamente, así que no es necesario dejar encendida la calefacción. De hecho, dormir en un entorno fresco favorece la calidad del sueño y si, por lo que sea, tenemos frío, siempre podemos optar por añadir una nueva manta o cambiarla por una colcha más tupida. Esto puede ayudarte a ahorrar hasta un 25 % en el consumo de energía. Y es que piensa que por cada grado que se sube la temperatura en casa, el gasto de energía aumenta un 7 %, un aumento que también puede verse en las emisiones de CO2, por cierto.
Si quieres controlar la temperatura de tu hogar con exactitud, además de contar con termostatos, es una buena idea instalar válvulas termostáticas en los radiadores.
2. Mejora el aislamiento en las estancias de la casa
Uno de los factores más importantes a la hora de ahorrar en calefacción en invierno y en climatización en verano es el aislamiento del hogar, especialmente de las ventanas. Sin embargo, cambiar solamente una por otra de doble acristalamiento puede costarnos fácilmente más de 200 €, lo que hace que afrontar una reforma de este calado pueda dispararse. Además debemos tener en cuenta los tiempos, ya que durante los varios días que durarán las reformas tendremos la casa llena de polvo y ruido, además de frío.
Por suerte, existen soluciones caseras y gratuitas para mejorar el aislamiento de los diferentes espacios de la casa. El primero es cerrar las persianas por la noche y juntar las cortinas para evitar el frío que pasa a través de los cristales. Según especialistas en ahorro energético, alrededor del 25% al 30 % de la necesidad de calefacción se debe a la pérdida de calor que ocurre en las ventanas.
Para reducir un poco más la fuga de calor pueden usarse aislantes térmicos en ventanas y puertas. Los más comunes son los clásicos burletes, aunque este mercado ha evolucionado mucho a día de hoy y puedes encontrar todo tipo de soluciones para resolver las particularidades de tu hogar: cortinas térmicas para ventanas y puertas, cinta adhesiva térmica, paneles para paredes, películas para forrar los cristales e incluso tableros preparados para aislar la caja de las persianas.
La decoración puede ayudarte a tener un buen sistema aislante. Por ejemplo, usar alfombras o cortinas ayuda a retener y conservar el calor de cualquier estancia, así como poner cuadros o estanterías en las paredes. Esto no es broma: cuando hay algo colgado en una pared, esa área puede llegar a ser hasta 1,5 ºC más cálida que una pared sin decoración.
Por último, y aunque pueda parecer de perogrullo, es muy útil cerrar las puertas de las estancias para evitar tanto que el aire caliente como el frío se dispersen por el piso y experimentar así una bajada de temperatura.
2. Mejora el aislamiento en las estancias de la casa
Uno de los factores más importantes a la hora de ahorrar en calefacción en invierno y en climatización en verano es el aislamiento del hogar, especialmente de las ventanas. Sin embargo, cambiar solamente una por otra de doble acristalamiento puede costarnos fácilmente más de 200 €, lo que hace que afrontar una reforma de este calado pueda dispararse. Además debemos tener en cuenta los tiempos, ya que durante los varios días que durarán las reformas tendremos la casa llena de polvo y ruido, además de frío.
Por suerte, existen soluciones caseras y gratuitas para mejorar el aislamiento de los diferentes espacios de la casa. El primero es cerrar las persianas por la noche y juntar las cortinas para evitar el frío que pasa a través de los cristales. Según especialistas en ahorro energético, alrededor del 25% al 30 % de la necesidad de calefacción se debe a la pérdida de calor que ocurre en las ventanas.
Para reducir un poco más la fuga de calor pueden usarse aislantes térmicos en ventanas y puertas. Los más comunes son los clásicos burletes, aunque este mercado ha evolucionado mucho a día de hoy y puedes encontrar todo tipo de soluciones para resolver las particularidades de tu hogar: cortinas térmicas para ventanas y puertas, cinta adhesiva térmica, paneles para paredes, películas para forrar los cristales e incluso tableros preparados para aislar la caja de las persianas.
La decoración puede ayudarte a tener un buen sistema aislante. Por ejemplo, usar alfombras o cortinas ayuda a retener y conservar el calor de cualquier estancia, así como poner cuadros o estanterías en las paredes. Esto no es broma: cuando hay algo colgado en una pared, esa área puede llegar a ser hasta 1,5 ºC más cálida que una pared sin decoración.
Por último, y aunque pueda parecer de perogrullo, es muy útil cerrar las puertas de las estancias para evitar tanto que el aire caliente como el frío se dispersen por el piso y experimentar así una bajada de temperatura.
3. Purga y mantén limpios los radiadores
Gas, gasoil, biomasa… La mayoría de opciones de calefacción emplean radiadores. Y para que estos funcionen bien es crucial sacar el aire que acumulan. Esto permitirá que el agua caliente que recorre su interior fluya sin obstáculos, lo que significa un funcionamiento más eficiente y menos costoso.
Los expertos recomiendan purgar los radiadores al menos una vez al año para evitar que la acumulación de pequeñas burbujas de aire dificulte la distribución del calor. Estas burbujas obstaculizan el proceso y obligan a mantener encendida la calefacción durante más tiempo para alcanzar la temperatura deseada.
⚠️ Recuerda que para purgar los radiadores se debe hacer con el sistema apagado y el radiador en frío. Por si te preguntas cómo hacerlo, te dejamos aquí un tutorial de cómo purgar los radiadores de solo dos minutos.
La limpieza de los radiadores es también importante. Mantenerlos sin suciedad es clave, ya que esta, al adherirse, puede dificultar la transmisión de calor. En otras palabras, una pelusa pegada podría estar robándote parte de tu calor y haciéndote gastar más.
4. Evita tapar los radiadores
Sí, así leído puede sonar bastante bobo pero, ¿a quién no se le ha ocurrido acercar una silla, una butaca o la colada al radiador para que se seque antes la ropa? Pues esa “genialidad” es, en realidad, una mala idea, ya que puede aumentar la factura.
Hacerlo crea una barrera térmica que dificulta la difusión del calor. Esto obliga a los radiadores a trabajar más para calentar el aire de la habitación. Si buscas ahorrar en calefacción, es mejor evitar estas prácticas, especialmente la de situar ropa u objetos mojados o húmedos encima del radiador, ya que el shock de calor y frío podría dañar el equipo o incluso llegar a causar un incendio si se queda demasiado tiempo.

5. Pon láminas reflectantes detrás de los radiadores
Para terminar con los radiadores, vamos con un truco para ahorrar en calefacción en invierno que consiste en hacer un poco de tunning mediante la colocación de paneles reflectantes. Aunque no sea la solución más estética, es una manera efectiva de reducir entre un 10% y un 20% en el coste de la calefacción.
Situar estas láminas detrás de los radiadores es un truco genial para evitar que el calor se quede en la pared y permitir que se distribuya mejor por la habitación. Esto ayuda a que el espacio se caliente más rápidamente, y, por lo tanto, que salga más barato. Puedes encontrar opciones desde los 5 a los 20 € tanto en tiendas de bricolaje y ferreterías como en markets online como Amazon.
6. Invierte en un termostato inteligente
Regular la temperatura a la baja de noche o cuando no estamos en casa, así como hacer que suba poco a poco de forma progresiva justo antes de llegar a casa son formas de ahorrar. Para que todos estos ajustes no sean un suplicio podemos apoyarnos de un termostato con temporizador, la opción más económica. Tienen un coste de entre 10 € y 50 € pero, una vez configuradas nuestras rutinas, empezarán a ahorrar por nosotros.
Para los amantes de la tecnología también hay termostatos inteligentes. Estos tienen un coste algo superior, entre 60 y 100 €, pero permiten funcionalidades como poder controlar la calefacción desde cualquier lugar a través del teléfono, integrarlo con soluciones de voz como Alexa, etc.
Por si aún no lo ves claro, piensa que varios estudios indican que su uso puede llegar a reducir entre un 10 y un 30 % la factura de calefacción.
7. Cambia radiadores eléctricos o calefactores por paneles infrarrojos
Los paneles de calefacción por infrarrojos se están erigiendo como una gran alternativa para calentar nuestro hogar de forma eficiente. Son tan finos como una tele, de diseño elegante y además son tremendamente versátiles, ya que pueden funcionar en suelo o instalarse fácilmente tanto en paredes como techos, así como ser accionados o apagados en remoto gracias a su conectividad con smartphones. Sin embargo, su gran ventaja es el ahorro de energía aportan en comparación de sus antepasados, los radiadores.
Su tecnología basada en infrarrojos permite hacer una mejor transferencia calorífica, ya que en lugar de calentar solo aire de la habitación, estos logran transmitir el calor a los cuerpos o masas que se encuentren dentro, como suelos, paredes, muebles e incluso el cuerpo humano. Esta forma de calentar, además de más eficaz, ofrece también un mayor confort térmico y una menor pérdida de calor, lo que permite obtener un ambiente cálido y agradable estando entre 3 y 5 ºC menos que lo que requeriría otro tipo de calefacción.
Los precios, eso sí, son algo más caros que los radiadores convencionales. La gran mayoría de paneles de calefacción por infrarrojos se sitúan entre los 100 y los 200 €, lo que puede suponer una inversión inicial un poco elevada. Pero, de media, uno de estos paneles ofrece un ahorro energético de entre un 10 y un 25 % frente a un radiador eléctrico. De hecho, según los expertos, cambiar este tipo de calefacción por paneles infrarrojos podría llegar a reducir el consumo de calefacción en un 70 %.
8. Disfruta de los complementos de invierno
Cuando llega el frío nos encanta estar calentitos, pero subir la calefacción no es la única forma de lograrlo. El tándem temperatura agradable (20-21 ºC) y jersey o mantita no solo es una de las mejores partes del invierno, sino que además es una forma mucho más económica que vivir todo el año en manga corta.
Por menos de 20 € tienes un universo de mantas para sofá a tu disposición, incluidas batamantas. Y con algo más de presupuesto podemos aislarnos del frío con calcetines gordos, zapatillas de invierno, jerseys mulliditos o gorritos.
Por otro lado, las velas también pueden dar un toque de calidez al hogar. Cuestan pocos euros y aunque su poder calorífico es muy bajo, sí que aportan su granito de arena en forma de aproximadamente 80 W de calor.
9. Ventila de forma eficiente
Cerrar la vivienda para evitar al máximo la pérdida de calor es clave, pero para mantener un ambiente saludable es necesario ventilar. Hacerlo, sin embargo, supone un potencial desperdicio de temperatura y, por tanto, de dinero.
Lo lógico es pensar que la manera más óptima de hacerlo es habitación por habitación, ya que así no afectamos a otras estancias y parece que es más fácil recuperar el calor. De hecho, los expertos señalan que la forma más eficiente de ventilar en invierno es abriendo todas las ventanas a la vez.
De esta forma se utilizan las corrientes, más fuertes en esta época del año, para limpiar el ambiente y renovar el aire rápidamente y sin perder mucho calor. El secreto para hacerlo de una forma efectiva se halla en el tiempo. Una correcta ventilación exige solamente 10 minutos. Este método, tal y como certificó la Comisión Europea, es una de las medidas con mayor potencial de ahorro.
También hay mejores momentos que otros para hacerlo. Idealmente debería hacerse por la mañana, tras levantarnos. Recordemos que, para un mejor descanso, la noche deberíamos pasarla a una temperatura ligeramente inferior. Por tanto, dejar entrar el aire fresco en el momento en que la vivienda está a menos temperatura es la opción más eficiente ya que la pérdida de calor es menor que si se hace al mediodía o la tarde. Pero ten en cuenta que esto solo es la teoría y para ahorrar de verdad deberías adaptar tu forma de ventilar a tus hábitos.
10. Distribuye el calor de forma lógica
Nuestro hogar es uno, pero cada estancia la vivimos de forma diferente. En la cocina, por ejemplo, se usan fuegos, ollas y hornos que desprenden calor, algunos incluso tras su uso. Tener esta estancia a un poco menos de temperatura puede ser una buena forma de ahorrar.
Aquí las posibilidades son varias: desde cerrar puertas o desconectar la calefacción de habitaciones que no usamos a aprovechar que el calor siempre sube para reducir la temperatura de plantas superiores.
11. Las reglas básicas para ahorrar en calefacciones de gasoil
Lo primero que debes interiorizar si calientas tu casa con gasoil es que apurar hasta el último momento puede salir muy caro. Llenar el depósito cuando hace frío es casi sinónimo de pagar de más. Por suerte, nadie nos dice cuándo debemos llenar el depósito, así que la mejor opción es seguir el precio del gasoil a lo largo del año y buscar el momento en que resulte más barato. Las leves fluctuaciones de precio que sufren los combustibles fósiles se traducen en un buen ahorro al llenar varios cientos de litros.

Si buscamos periodos o fechas concretas, los expertos señalan que generalmente primavera y verano son las mejores épocas para ahorrar con el gasoil. Incluso también se atreven a hablar de días concretos. Los martes y miércoles parecen ser los días más económicos, mientras que los fines de semana tienen los precios más elevados.
Por último, prevenir es ahorrar, así que no olvides hacer un buen mantenimiento. Piensa que, por ejemplo, es habitual que se vayan acumulando residuos sólidos en el depósito, lo que podría obturar algún tubo o mecanismo cuya reparación puede salir muy cara.
12. Pásate a una opción de calefacción más eficiente
Aunque tenga épocas valle y de bajada, el precio de las energías como la electricidad, el gas o el petróleo siempre va en aumento. O, dicho de otro modo, cada vez nos saldrá más caro mantener la casa a buena temperatura.
Si miramos a largo plazo, la mejor solución es cambiar a un tipo de calefacción más sostenible, la cual permite ahorros medios de entre el 50 % y el 70 % respecto a los tipos de calefacción convencional.
Los pellets, como hemos visto, se están implementando en muchos bloques de pisos, mientras que las viviendas unifamiliares optan más por la energía solar o la aerotermia. Este último caso, por cierto, se ha vuelto especialmente popular como sustituto del gasoil. Muchas empresas instaladoras ofrecen la posibilidad de aprovechar la instalación existente para implementar la aerotermia, lo que simplifica bastante el proceso y los costes.
La única barrera a la hora de cambiarse a una calefacción sostenible es afrontar el coste de implantación. Un cambio de gasoil por aerotermia, que es el coste que nos queda por ver, puede situarse desde los 8.000 € hasta los 25.000 € en el caso de casas grandes.
Sobra decir que a la larga es una inversión que se acaba amortizando, pero también es comprensible que pueda suponer mucho dinero de golpe si no contamos con ahorros (o los que tenemos no podemos destinarlos a esto). Por suerte, hay formas que permiten abaratar y facilitar el pago, lo que aproxima estas opciones de calefacción a cualquier hogar.
Lo primero que debemos tener en cuenta son las ayudas para mejorar la climatización del hogar, las cuales ofrecen subvenciones de hasta 7.500 €. A esto deben añadirse las deducciones aplicables en la Declaración de la Renta, que también deberían computarse como parte del ahorro.
“Junto a las subvenciones, la financiación de Cofidis es una gran herramienta para cambiarse a una calefacción más eficiente y barata”
Y para afrontar el pago puedes contar con Cofidis. Los préstamos personales te ofrecen el dinero necesario para instalar cualquier tipo de calefacción y la posibilidad de ir pagándolo mes a mes, algo que será mucho más sencillo al obtener las ayudas.
En resumen, aunque el coste de instalación sea alto, usando fórmulas como la subvención y la financiación es posible reducir mucho el gasto y la forma de afrontarlo.
13. El Bono Social Térmico
Para tratar de ayudar a personas en situación vulnerable, el Estado puso en marcha hace algunos años el Bono Social Térmico, una ayuda orientada a afrontar los gastos de calefacción y de agua caliente.
El importe a percibir depende de factores como la vulnerabilidad, el riesgo de exclusión social o la zona en que se sitúa el solicitante. La ayuda mínima es de 35 € y la máxima de 373,17 €. Cabe destacar que esta prestación se recibe mediante un pago único, el cual suele tener lugar a principios de año (aunque depende de la zona)
La concesión del Bono Social Térmico recae sobre los ayuntamientos, lo que hace que tanto los requisitos a cumplir como la propia gestión varíen un poco. Por ejemplo, en Catalunya se suele pagar alrededor de octubre, bastantes meses después que la mayoría de zonas.
Para poder optar a ellas, sin embargo, es necesario recurrir a las Comercializadoras de Referencia (CR) de tu zona, que son las únicas con la potestad de estudiar cada caso y dar luz verde a la recepción del bono.
Más consejos y trucos para seguir ahorrando
¿Quieres seguir recortando tus gastos y mejorando tu bienestar financiero? Estás en el lugar adecuado. En este blog de Cofidis tienes toda una biblioteca de contenidos gratuitos para mejorar tu educación financiera y ahorro, así como encontrar información útil para invertir, preparar tu jubilación, comprar una vivienda, recibir alguna prestación o cualquier otra decisión que implique dinero para mejorar tu vida.
