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¿Cómo afecta a España económicamente la guerra de Ucrania y Rusia?

¿Cómo afecta a España económicamente la guerra?

Han pasado ya varios meses desde que Rusia invadiera Ucrania. Por lo tanto, ya podemos percibir perfectamente cuáles han sido las consecuencias de este conflicto en la economía española.

Han pasado ya varios meses desde que Rusia invadiera Ucrania. Por lo tanto, ya podemos percibir perfectamente cuáles han sido las consecuencias de este conflicto en la economía española.

Desde febrero, hemos experimentado la subida de los precios en algunas materias primas como el petróleo y el gas natural. También, el desabastecimiento de algunos productos como los fertilizantes, el aceite de girasol o de algunos cereales. Hemos vivido la caída del turista ruso y ucraniano y del comercio bilateral con ambos países.

Sin embargo, más allá de esas consecuencias casi inmediatas, la economía española se ha visto afectada por su situación previa y por las decisiones políticas y económicas que se han tomado después. Hablamos de que España está viendo cómo su economía se ralentiza, si dispara la inflación (subidas generalizadas de los precios) y suben los tipos de interés.

España atraviesa una situación peculiar

Los dicen los economistas: la foto de España a finales de 2022 indica que nuestra economía no crece todavía al ritmo que lo hacía antes de la pandemia (PIB) y empieza a ralentizarse.

El Estado ha recaudado más y se modera el déficit público. Hasta los precios de la energía se han frenado un poco.

Sin embargo, la inflación sigue muy alta y, junto con las subidas de tipos decididas por el Banco Central Europeo (BCE) hasta ahora para combatirla, las familias y las empresas se están encontrando en problemas. Las primeras tienen problemas para llegar a fin de mes por los costes de la energía y de la cesta de la compra, mientras que las segundas tienen problemas de costes que amenazan su viabilidad.

Los costes directos de la energía todavía pesan mucho

Como no somos un país productor de gas natural, la electricidad que generamos depende mucho del precio del gas que utilizamos. Así, pese al tope al gas decidido hace unos meses, la factura energética se acumula en las finanzas familiares, pues encarece toda la cadena de producción y distribución.

Como a las empresas les cuesta más producir con una electricidad más cara, van pasando esos costes al resto de la cadena de producción hasta que llegan al consumidor final con unos sobrecostes elevados. De ahí que la inflación sea tan persistente. Ya no se trata solo de precios de la energía elevados, sino de que esos precios han hecho subir toda la cadena de producción.

Pero ya pesan más los costes indirectos

Si en los primeros meses se trataba de reducir la factura energética de los hogares, ahora el problema es que esa factura ya no llega solo a través del precio de la luz o el gas, sino de todo lo que entre en casa y haya soportado esos precios en su producción o distribución. Vamos, de todo lo que compramos.

En resumen, seguimos pagando mucho por la factura energética de lo que consumimos a través de los elevados precios del petróleo (gasolinas) del gas natural (calefacción, agua caliente) y de la electricidad. Pero ya nos han llegado también a través de la inflación, pues todos los alimentos y servicios que consumimos también soportan ya parte de esa factura energética.

Eso sí, los salarios no se han adaptado a la inflación y siguen iguales hasta que las empresas puedan repercutir esos costes al consumidor, algo que no será posible con una inflación muy por encima del 2%.

Por lo tanto, la renta disponible de los hogares se ha reducido de forma ostensible debido a que no es posible dejar de calentar una vivienda o de poner lavadoras, por ejemplo. Si bien hemos podido soportar la factura energética durante los meses de buen tiempo (menos aire acondicionado), está por ver cómo aguantaremos el invierno si viene frío porque la calefacción es una necesidad.

Como ejemplo de lo que viene, se están disparando las peticiones de cambio de tarifas de gas natural desde el mercado libre a las Tarifas de Último Recurso (TUR) y se ha creado desde el gobierno una TUR subvencionada para las comunidades de vecinos.

Cae el comercio con Ucrania y Rusia

Medidas desde el gobierno para mitigar el impacto

La lista de medidas desde el Estado para mitigar el impacto de la guerra es amplia. Pasa por esos 20 céntimos de descuento en el precio de los combustibles, los bonos sociales eléctrico y térmico, los descuentos en los abonos de cercanías o el tope al gas, entre otros.

Hay muchas otras medidas propuestas y los Presupuestos Generales del Estado de 2023 ya elevan el gasto en defensa y protección social.

La cuestión es que la economía española tiene un déficit y una deuda elevadas y no puede permitirse bajadas de impuestos. Además, el endeudamiento español afronta otro problema derivado de la guerra en Ucrania: las subidas de tipos.

Suben los tipos de interés en Europa

Todos los países están subiendo los tipos de interés para luchar contra la inflación. Esto supone que se paga más por las deudas que ya se tienen y que las condiciones para que nos concedan dinero prestado también se endurecen, tanto a las familias, como a las empresas o países.

Las hipotecas a tipo variable están subiendo con las últimas revisiones y complican las finanzas familiares. Del mismo modo, al Estado le cuesta más pedir dinero prestado a través de las emisiones de deuda pública, pues tiene que pagar más intereses para que se la compren, y a las empresas les cuesta más conseguir dinero prestado y deben pagar más de intereses.

Eso sí, las subidas de los tipos de interés elevan lo que nos pagan por el dinero que guardamos en el banco, lo que permite ganar algo más en productos de riesgo cero.

Los tipos al alza reducen el interés de la bolsa

Como se paga más por el dinero en el banco, no es necesario arriesgarlo en inversiones. Y dado que la situación de las empresas también es complicada, la bolsa cae porque el dinero se va a pagar deudas o al ahorro y no se invierte.

Así, las inversiones que teníamos en productos de cierto riesgo (bolsa, fondos de inversión, planes de pensiones…) han bajado a lo largo de 2022 y eso nos ha hecho más pobres.

En conclusión, la guerra de Ucrania, unida a la situación previa de nuestra economía, nos ha hecho a todos un poco más pobres. La energía nos cuesta más pese a las ayudas públicas y se ha convertido en inflación cuando se ha distribuido por toda la cadena de producción, con lo que todo es ahora más caro, desde la cesta de la compra a los alquileres.

Para luchar contra la inflación se está subiendo el precio del dinero (tipos de interés) y esto encarece las hipotecas, complica las inversiones y la financiación pública. Así, a modo de conclusión, podemos decir que la guerra en Ucrania ha reducido claramente la renta y los ahorros de las familias españolas.

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