Aunque a alguien le pueda costar de creer, las finanzas y la salud mental tienen más relación de lo que podamos pensar. Nuestra forma de tratar con el dinero puede hacernos más felices o todo lo contrario, por lo que es esencial que nuestra gestión económica cuente con un buen enfoque que nos permita sortear ciertos problemas como la ansiedad, el insomnio o la depresión. Veamos cómo afecta el bolsillo a nuestro bienestar emocional y cómo podemos tratar de evitar este tipo de situaciones.
Explorando la conexión entre las finanzas y salud mental
Hay muchas cosas más importantes que el dinero, entre ellas el bienestar emocional. Sin embargo, nos guste o no, ambas guardan relación la una con la otra. Como todos ya sabemos, el dinero no da la felicidad, pero sí que contribuye a tener estabilidad en la vida, lo que ayuda y mucho a poder alcanzar ese estado. Para que esto pase no es necesario que nos toque el premio de la lotería. De hecho basta con tener cierta predictibilidad y control sobre nuestros ingresos y cuentas.
Los problemas comienzan cuando esta planificación y gestión del dinero no es la adecuada. Eso hará que tarde o temprano se pierda el control sobre los gastos, lo que puede derivar en endeudamientos innecesarios y excesivos. Estas situaciones causan en las personas una constante sensación de inseguridad y descontrol, las cuales pueden derivar fácilmente en problemas más graves como pueden ser el estrés y la ansiedad.
El estado anímico no es lo único que afecta una mala gestión financiera. El estrés y nerviosismo suelen hacer que nuestras decisiones sean mucho más impulsivas. Esa falta de reflexión puede llevarnos a cometer importantes errores dentro y fuera de la parcela financiera. Malas elecciones de productos financieros como créditos o fondos, bajo rendimiento laboral, problemas de pareja y un largo etcétera. Como vemos, una mala gestión económica puede venir acompañada de diversos factores negativos para nuestra vida, mientras que un buen control financiero trae consigo estabilidad tanto económica como mental.
Así pueden afectar tus finanzas a tu bienestar emocional
Una vida financiera desordenada o simplemente pasar por problemas de dinero puede alterar tu salud mental fácilmente. Sin embargo, como cada persona es un mundo, los efectos que pueden causar en nosotros son de lo más variados. Veamos cuáles son los principales problemas que podemos sufrir en nuestro bienestar por culpa del dinero mal gestionado con el fin de poder tomar solución si los vemos aparecer.
Problemas para conciliar el sueño
La inquietud y el insomnio son señales más que evidentes de que los problemas financieros comienzan a afectar a nuestra vida personal. Cuando la mente no puede desconectar de preocupaciones relacionadas con el dinero, el cuerpo responde manteniendo el estado de alerta. Este patrón puede convertirse rápidamente en un círculo vicioso. Y es que cuanto menos duermes, mayor es el estrés y, cuanto mayor es el estrés, más difícil resulta dormir.
La falta de sueño tiene un impacto directo sobre nuestro físico, pero también en el aspecto mental. A corto plazo, provoca irritabilidad, dificultad para concentrarse y un rendimiento bajo en las tareas cotidianas. A la larga, puede desencadenar ansiedad generalizada, depresión o incluso enfermedades cardiovasculares. Además, descansar poco o mal no ayuda a tomar decisiones racionales, lo que conduce a una peor gestión financiera y personal.

Sentirse culpable por la situación
Otro síntoma clásico desencadenado por el poco control financiero es la culpabilidad. Este sentimiento suele surgir cuando percibimos algún error o descuido en la gestión de nuestro dinero. Puede ser debido a cuotas no pagadas a tiempo que se han convertido en una gran deuda, compras innecesarias, una falta de ahorro o directamente el endeudamiento. Esto puede verse agravado en el caso de hipotecas y otros préstamos en los que se requiere un avalista, ya que no pagar puede perjudicar a una tercera persona querida por nosotros. En muchos casos, el origen de la culpa está arraigado en las creencias personales sobre el éxito, la responsabilidad o el rol familiar, que generan una autoexigencia constante y que no podemos cumplir.
A diferencia de la preocupación puntual, la culpa tiende a ser persistente y corrosiva. Puede hacer que nos castiguemos mentalmente por las decisiones del pasado, sentir que no somos la persona más adecuada para enfrentarnos a tales obligaciones o que evitemos hablar del dinero por miedo al juicio de los demás. Poco a poco, la autoestima se va deteriorando, algo que impacta en la capacidad resolutiva, lo que lleva a cometer más errores financieros. Este no es el único aspecto negativo donde puede afectar la culpa. También suele exteriorizarse en las relaciones personales, especialmente en pareja: discusiones, silencios prolongados, pérdida de apetito o energía, sensación de fracaso…
Cerrarse en uno mismo
Ya sea por vergüenza, culpa o simplemente por no poder asumir el coste económico que presupone llevar a cabo una actividad, muchas personas con problemas financieros se aíslan. Esta desconexión empieza poco a poco, pero fácilmente puede ir en escalada. Y uno de los principales problemas es que puede llegar a ser muy difícil de percibir para aquellos que nos rodean.
A menudo, evitar reuniones familiares, planes en pareja, salidas con los amigos e incluso conservaciones tienen detrás el deseo de ocultar una mala situación financiera. De esta forma evitamos dar explicaciones y el juicio posterior que pueden hacer terceras personas, lo que lleva a un aislamiento tanto emocional como físico que puede agravar el malestar psicológico generado por otros problemas como la soledad, la baja autoestima y la desesperanza.
Como pasaba con el insomnio, aislarse también puede convertirse en la pescadilla que se muerde la cola y es que, por general, el aislamiento refuerza la idea de que los problemas financieros deben resolverse en solitario, lo que aún nos aísla más y retrasa la toma de decisiones importantes. Además de los riesgos para nosotros mismos, esta desconexión de nuestro entorno reduce (y mucho) las oportunidades de recibir apoyo, consejo o simplemente alivio emocional de una persona cercana.
Mitigar el sufrimiento a través de conductas poco saludables
Atravesar una mala situación financiera genera mucho estrés, algo difícil de soportar especialmente si no estamos preparados para ello. Muchas personas deciden apoyarse en hábitos perjudiciales. Hablamos, claro está, de alcohol, tabaco, drogas o el abuso de medicamentos sin prescripción, pero no son los únicos. Las apuestas, la comida basura o los videojuegos pueden ser escapes igual de dañinos.
Estas conductas no solo afectan a la salud, sino que agravan la sensación de pérdida de control y vacío a largo plazo. Cierto es que pueden proporcionar un alivio momentáneo, pero por un lado no resuelven nada, ya que todo estará igual (o peor) cuando el efecto placebo pase. Por el otro, lo más habitual es que se acaben generando más gastos o nuevas deudas, algo que sí empeora nuestra situación tanto financiera como mental. En algunos casos, incluso, se dejan de lado cosas básicas como pueden ser el pago de la vivienda, la alimentación o el descanso.
Este deterioro progresivo es difícil de detectar especialmente en las primeras fases, justo cuando es más fácil de tratar. Por eso es importante que si lo notamos no lo atribuyamos a un mal día o a estrés pasajero, ya que cuanto antes busquemos solución, más fácil será abandonar este pozo.
Sentirse constantemente irritable
La irritabilidad es otro de los efectos comunes derivados de tener preocupaciones económicas. ¿Por qué pasa esto? Cuando nos falta dinero es común fluctuar entre la normalidad, la tristeza y la desesperación. Es habitual que en estos casos el sistema nervioso se vea abrumado por un torrente anormal de emociones, por lo que responde activando el modo de alerta de forma constante. Toda esta tensión desencadena en reacciones desproporcionadas, cambios de humor repentinos o una menor tolerancia a la frustración, lo que causa discusiones y malestar constante.
Tener aversión a gastar
Quizá menos evidente y oído que otros problemas que afectan a nuestra salud mental, pero no por ello menos peligrosa. Suele ser más común en personas que viven o han vivido en situaciones límite a nivel económico, en las cuales se instala una mentalidad de escasez que cuesta hacer desaparecer. Este temor a quedarse sin recursos o de no poder afrontar pagos futuros deteriora la relación emocional habitual que tenemos con el dinero, tiñendo todo de miedo. Este tipo de aversión afecta en diferentes ámbitos de la vida, empezando por temas básicos como la alimentación hasta alcanzar actividades sociales.
Caer en una depresión
Sin duda, es una de las señales más graves del impacto de las finanzas en el estado emocional de una persona. Cuando las dificultades se prolongan en el tiempo, es frecuente que aparezca una sensación de desesperanza profunda. Esta percepción es la que desencadena un cuadro depresivo.
Los síntomas comunes de la depresión incluyen fatiga persistente, pérdida de interés en actividades cotidianas, alteraciones del sueño, sentimientos de inutilidad y, en casos extremos, pensamientos negativos recurrentes. La depresión tiende a inmovilizar a la persona a nivel financiero, la cual no quiere ni oír hablar del dinero, el cual es visto como una preocupación más.
Consejos para enfocar tus finanzas para cuidar tu bienestar y paz mental
Cuando hablamos de ahorrar, invertir o simplemente gestionar nuestro dinero, es fácil que la falta de conocimientos financieros se traduzca en inseguridades, desconfianza y otros comportamientos y emociones negativas y potencialmente dañinas. ¿Cómo protegernos de todo ello? La respuesta lógica es mejorar nuestra educación financiera, pero lo cierto es que no es el único consejo que podemos seguir:
Fija bien tus límites financieros y simplemente cíñete a ellos
Definir cuánto dinero queremos (o mejor dicho, podemos) gastar en cada área es una de las prácticas más efectivas y saludables para nuestra economía. Saber de cuánto disponemos es esencial para no comprometer nuestra estabilidad financiera ni generar culpas que perturben nuestra paz mental.
No se trata de restringirse en extremo o directamente eliminar partidas de gasto, sino sencillamente de identificar qué necesidades son esenciales y cuáles pueden esperar, así como fijar un orden de prioridad a la hora de abordar cada uno de ellos. Así, por ejemplo, sabremos que no es buena idea gastar en unas zapatillas o bolso nuevo si aún no tenemos solventado el pago de la vivienda (es decir, alquiler o hipoteca). Esto nos ayuda a frenar los principales envites del consumo compulsivo, la presión social y, en general, el derroche, ya que sabemos que antes de encarar estos pagos hay un orden que debemos seguir y que solo podremos adquirir aquello cuando todas las otras cosas con mayor prioridad hayan sido cubiertas.

No solo busques cubrir tus necesidades básicas
Como decíamos, la planificación de gasto es un excelente aliado para controlar las finanzas de una forma tranquila y sin sobresaltos. Aquí se encuentra el famoso presupuesto, del cual hablaremos un poco más en detalle después, así como otras herramientas de control. Uses unas u otras, es esencial que, además de gastos esenciales y previsiones para imprevistos, pienses también un poquito en ti. ¿Qué significa esto? Incluir pequeños márgenes para el ocio, cuidar de ti mismo u otras cosas que te hagan feliz.
Evidentemente no todo vale y no se puede tomar este consejo para caer en el consumo compulsivo que hablábamos en el punto anterior simplemente porque “me lo merezco” (una excusa, por cierto, que suele ser una mala consejera financiera). La clave está en ser selectivos y equitativos o, dicho de otra forma, elegir bien en qué lugar gastar y que el reparto de dinero sea igualitario, evitando así destinar grandes cantidades a partidas de gasto poco relevantes o directamente innecesarias.
No te autoflageles si algo sale mal
Si algo sale mal, no te castigues, al igual que tampoco es bueno guardar sentimientos de pena o rabia hacia un error pasado. Recuerda: nadie es perfecto. Fallar es algo muy humano y normal, por lo que no tiene sentido castigarte por ello. Tómate estos errores como una oportunidad de oro para aprender. Piensa que nadie nace sabiendo cómo gestionar su dinero y es algo que debemos aprender a base de tiempo. Así que si fallas, no te preocupes, aprende y sigue adelante sin culpas, solo con lecciones.
Hábitos y herramientas financieras para mejorar tu salud mental
Más allá de lo visto, existen diversos métodos e instrumentos financieros que reducen el estrés generado por el dinero. Su principal fuerte es simplificar diferentes tareas que la mayoría de los mortales consideramos tediosas, lo que otorga tranquilidad y seguridad, además de tiempo extra para hacer aquello que más nos gusta. Veamos cuáles son y cómo pueden ayudarnos:
El presupuesto, la biblia financiera que toda persona debe tener
Establecer un presupuesto es el primero ya que es una de las herramientas más efectivas de las que disponemos para reducir el estrés financiero. Hacerlo y sobre todo mantenerlo actualizado es un ejercicio que nos permite mantener un control claro y preciso sobre aquello que gastamos e ingresamos, pero lo que no siempre se dice es que tenerlo controlado da una sensación de orden y previsibilidad difícil de explicar, pero que sin duda alivia cualquier posible ansiedad acerca de nuestro presente o futuro financiero. Vamos, algo así como un coach al que acudimos para mejorar nuestras finanzas y pedir consejo.
Eso sí, para que un presupuesto ayude a nuestra salud mental y no termine por ahogarnos es necesario ir con cautela. No se trata de limitarse o prohibirse, sino de determinar hacia dónde dirigimos nuestro dinero y cómo podemos asignarlo mejor para alcanzar antes nuestras metas financieras. En otras palabras, un buen presupuesto debe incluir partidas como “ahorro” e “imprevistos”, pero también “ocio”. De esta manera se logra controlar nuestros gastos sin tener la sensación constante de prohibición, la cual genera frustración e incluso culpa.
Tip financiero:
Si eres alguien muy precavido y los pagos no te dejan dormir puedes contratar un seguro de protección de pagos, el cual garantiza el pago de las cuotas de ciertos gastos si sufres una baja laboral, caes en el desempleo o padeces una invalidez.
Clasifica el tipo de deuda: la buena se estudia, la mala se descarta
En España, cuando se pronuncia la palabra “deuda” parece que el cielo se tape y suenen truenos. Pero como muchos especialistas llevan décadas diciendo, la deuda no siempre es mala. De hecho es útil a la hora de adquirir una vivienda o un vehículo, poner en marcha un negocio o invertir en nuestra formación. También podrían entrar en este grupo las emergencias médicas y del hogar, aunque para hacer frente a estas lo más recomendable es usar el fondo de emergencia.
Al otro lado está la deuda mala, que principalmente es toda aquella enfocada en el consumo. Aquí encontramos el pago de las vacaciones, la compra de aparatos que no necesitamos, moda y accesorios, joyería, espectáculos como conciertos o partidos de fútbol y, en general, cualquier compra compulsiva. Financiar este tipo de compras no suele ser la mejor idea ya que dejan un hueco en nuestra economía sin mejorar nuestro bienestar a largo plazo.
Como ya vimos al hablar de cuándo pedir un préstamos y cuándo no, esto no significa que esté prohibido solicitar dinero para estas cuestiones. Pero lo que sí debemos asegurarnos es de planificar bien la deuda y ver que la cuota nos encaja, junto al resto de gastos, en nuestra economía sin grandes esfuerzos, ya que de lo contrario se convertirá en una losa económica que limitará nuestros recursos y en una fuente de estrés emocional.
Ahorrar e invertir, tus dos grandes objetivos
Tanto el ahorro como la inversión son dos hábitos que nos ayudan a construir una base sólida de tranquilidad a largo plazo. Por un lado, el ahorro nos permite crear, entre otras cosas, un colchón financiero tremendamente útil para afrontar todo tipo de imprevistos sin que ello afecte a nuestras finanzas personales. Es decir, aporta tranquilidad. Además, guardar el dinero también nos permite invertirlo, algo que si hacemos con criterio, dará sus resultados en forma de beneficios.
Si hablamos de cómo ahorrar, uno de los consejos más importantes es ser perseverante. Antes de ahorrar mucho una o dos veces al año es más recomendable destinar una cantidad fija mensual de nuestros ingresos, aunque sea pequeña, ya que así no solo interiorizamos el hábito, sino que aporta una sensación de seguridad y control. Si te resulta difícil acordarte, recuerda que es posible automatizar cualquier transferencia, lo que evita esfuerzos y también olvidos. Si quieres mejorar tu forma de administrar tus ingresos, te recomendamos echar un ojo a los errores al ahorrar más comunes y cómo solventarlos.
La inversión, por su lado, hace que nuestro dinero (ahorrado) trabaje para nosotros. Esto, como ya sabes, funciona mediante productos financieros como los planes de pensiones, los fondos o la deuda pública, los cuales pueden hacer que nuestros ahorros crezcan de forma gradual. La teoría, sin duda, suena muy bonita, pero la realidad es que existen multitud de opciones de inversión y no todas son buenas. Para asegurar que nuestro dinero está en buen sitio es necesario contar con una buena formación financiera que nos permita entender bien qué nos ofrecen y evaluar bien pros y contras. Y recuerda que hay inversiones conservadoras y otras más agresivas. Las primeras son mucho más tranquilas, aunque ofrecen menos beneficios, mientras que las segundas exigen cierta tolerancia al riesgo, ya que existe la posibilidad de ganar más dinero, pero también de perderlo todo. Nuestro mejor consejo aquí es que elijas aquella que se adapte mejor a ti, tanto a nivel dinero como riesgo.
Utiliza herramientas y apps que te hagan la gestión financiera más fácil
No podemos empezar este apartado sin hablar de Excel, un programa archiconocido e instalado en -casi- todos los ordenadores del mundo. Esta hoja de cálculo tiene millones de funciones y ayudarte a confeccionar un presupuesto o controlar gastos son de las más sencillas de realizar. A día de hoy también existe Google Sheet, una especie de copia online que se incluye en todas las cuentas de correo gmail y permite controlar tus datos desde cualquier punto del mundo que tenga internet.
Para no perder tiempo configurando nada, puede que te interese nuestra guía de gestión financiera, en la que encontrarás una plantilla de Excel gratuita (e importable a Google Sheet) que te permitirá empezar a controlar tus gastos de una forma tremendamente sencilla.
Además de las opciones que acabamos de ver, también te puedes ayudar de las muchas apps para gestionar tus finanzas que existen. Empezando por el propio Wallet del teléfono o Chat GPT, pasando por apps móviles como Goin, Banktrack, GoodBudget, Coin Scrap, Money (solo para Android), Monefy o Desafío 52 semanas, entre muchas otras. Prueba y quédate solo con aquella que te haga la vida más fácil.
Sigue formándote para mejorar tu gestión financiera
Como hemos visto, la educación financiera resulta clave para gestionar tu dinero de una forma más eficaz. Existen miles de formas de hacerlo como, por ejemplo, en este blog. En ViveMásVidas tienes a tu disposición una biblioteca gratuita de contenidos centrados en diferentes áreas: ahorro, inversión, movilidad, jubilación… Elige aquello que te interesa y encuentra las respuestas que necesitas aquí, en tu blog de finanzas personales.
