La forma en la que disfrutamos del turismo está cambiando poco a poco. Según diversos estudios del sector, cada vez priorizamos más experiencias auténticas y sostenibles que nos permitan conectar con el entorno y la comunidad frente a un turismo quizá más económico, pero también más masificado y carente de espíritu. En línea con esta nueva tendencia, alojarse en monasterios se está convirtiendo en una alternativa diferente para pasar unos días fuera de casa.
¿De dónde surge la moda de alojarse en monasterios?
Como decíamos, dormir en lugares como monasterios responde a una nueva forma de viajar más pausada y responsable, pero lo cierto es que esta actividad es de todo menos nueva. De hecho, proviene de la época medieval. En aquel entonces, los monasterios eran auténticos oasis de autosuficiencia en medio de parajes de lo más remotos, por lo que buscar refugio en uno de ellos era de lo más habitual en viajes largos o accidentados debido a las condiciones del camino o climáticas.
Siguiendo las normas dictadas por la religión y, en especial, la Regla de San Benito, que dicta que cualquier persona debe ser tratada como Cristo en persona, los monjes empezaron a dar cobijo y sustento en sus monasterios tanto a viajeros como a peregrinos y necesitados. Así nació lo que hoy conocemos como hospitalidad monástica, una costumbre que no solo ha perdurado hasta nuestros días, sino que ha sabido fusionarse a las mil maravillas con tendencias actuales como el slow travel, el bienestar o la sostenibilidad.
La hospitalidad monástica, sin embargo, dista bastante de los tipos de alojamientos a los que estamos acostumbrados. Esta modalidad exige seguir el ritmo, horarios y costumbres de los clérigos, lo que significa levantarse a las seis o seis y media de la mañana y comer lo mismo que ellos en la misma mesa. El único factor que puede obviarse es la oración, a la cual todo el mundo está invitado, pero no obligado.
Hoy, muchos monasterios ofrecen la posibilidad de alojarse a los visitantes, aunque no todos lo siguen haciendo bajo la fórmula de la hospitalidad monástica. Muchos han optado por incorporar una hospedería u hotel histórico en el mismo recinto, lo que permite a los visitantes vivir la experiencia de una forma más libre y, sobre todo, con muchas más comodidades
Las ventajas que ofrece alojarse en un monasterio
Si nuestra idea de vacaciones pasa por hoteles céntricos, días ajetreados llenos de planes dopaminicos o fiestas hasta el amanecer, alojarse en un monasterio sin duda no es la mejor opción. Sin embargo, para aquellos que buscan otro tipo de turismo, este tipo de experiencia tiene grandes cosas que ofrecer:
Desconectar, pero de verdad
Muchas de las escapadas que hacemos a lo largo del año tienen como excusa el cambiar de aires y desconectar, pero lo cierto es que, entre fotos, whatsapps y ratos muertos scrolleando, muchas veces acabamos pasando delante de la pantalla más horas de las que querríamos. Y si bien es cierto que los monasterios no suelen prohibir el uso de dispositivos móviles, también lo es que muchas veces chocan con las normas de convivencia del monasterio.
El resultado es un remanso de paz y tranquilidad que invita a disfrutar de tareas más introspectivas como puede ser leer, meditar, planificar algún aspecto importante de nuestra vida o simplemente poner el cerebro en Off.
Esta quietud, organización silenciosa y aparente falta de estímulos también es muy apreciada por estudiantes. No son pocos los que han encontrado en un monasterio el lugar perfecto para concentrarse y preparar una oposición, exámenes finales de la carrera o un proyecto.

Una forma más inmersiva de disfrutar de la historia, el arte y la cultura
Museos, construcciones, ruinas… Hay muchos lugares que permiten conocer el pasado. Sin embargo, -casi- todas estas experiencias son puramente contemplativas: mirar monumentos, mirar cuadros, mirar fachadas, mirar, mirar y mirar.
Alojarse en un monasterio, en cambio, permite sumergirse en el pasado y vivirlo en primera persona. Eso significa habitar espacios llenos de historia, conocer el testigo vivo de la boca de un monje, bucear en enormes bibliotecas o simplemente seguir los pasos de alguna figura de época como reyes o artistas.
Y hablando de artistas, muchos conventos poseen importantes colecciones de arte repletas de cuadros antiquísimos y obras poco conocidas de autores de renombre. La forma de disfrutarlos también cambia, ya que en los monasterios no hay lugar para los ajetreos, colas y prisas que sí imperan en la mayoría de los museos modernos.
Un lugar que cuida de tu salud
El ambiente sosegado y la calma que reina en los monasterios son perfectos para cuidarnos más y mejor. Y es que alojarse en uno de ellos puede ser el mejor remedio para eliminar el estrés y reducir los niveles de cortisol.
La vida en un monasterio es recta, pero también tremendamente saludable para múltiples áreas de nuestra vida. Por ejemplo, los horarios fijos para irse a dormir y levantarse, el descansar sin ruidos o dormir la horas necesarias elevan nuestros niveles de energía y concentración, así como mejoran las funciones cognitivas.
Dormir bien, sin embargo, no es el único beneficio que nos aporta alojarse en monasterios. Los paseos, el estar en contacto con la naturaleza o la lectura tienen efectos tremendamente positivos para nuestro cuerpo y mente.
Una gran puerta de entrada al turismo rural y de aventura
Si en algo coinciden todos los monasterios es que están situados en lugares espectaculares. La gran mayoría se encuentran en zonas apartadas para alejarse de las tentaciones y ayudar a preservar el voto de clausura. Pero este aislamiento hace ya años que terminó y en la actualidad se encuentran rodeados de senderos hacia nuevas aventuras.
Recorrer los pueblecitos colindantes y descubrir lugares mágicos apenas visitados, recorrer de arriba a abajo parques naturales o practicar el senderismo o la bicicleta de montaña son opciones perfectas para hacer mientras nos alojamos en un monasterio.
Alojamiento de calidad y barato
La gran mayoría de monasterios que ofrecen hospedaje monacal no tienen un precio estipulado, sino que se paga la voluntad. Eso no significa que podamos irnos sin pagar, pero sin duda rebaja mucho la factura de cualquier hotel. Al ahorro en alojamiento hay que sumar las actividades, las cuales en su gran mayoría son gratis o de un coste muy bajo.
La vida austera de un monasterio puede sonar poco apetecible, pero la realidad es muy diferente. Las comidas siempre son caseras y abundantes, las noches siempre son silenciosas y siempre hay tiempo para uno mismo. Además, en el caso de la hospedería monástica todas las comidas están incluidas. Estos factores también deben tenerse en cuenta a la hora de evaluar el coste y los beneficios de alojarse en un monasterio.
Alojamiento de calidad y barato
La gran mayoría de monasterios que ofrecen hospedaje monacal no tienen un precio estipulado, sino que se paga la voluntad. Eso no significa que podamos irnos sin pagar, pero sin duda rebaja mucho la factura de cualquier hotel. Al ahorro en alojamiento hay que sumar las actividades, las cuales en su gran mayoría son gratis o de un coste muy bajo.
La vida austera de un monasterio puede sonar poco apetecible, pero la realidad es muy diferente. Las comidas siempre son caseras y abundantes, las noches siempre son silenciosas y siempre hay tiempo para uno mismo. Además, en el caso de la hospedería monástica todas las comidas están incluidas. Estos factores también deben tenerse en cuenta a la hora de evaluar el coste y los beneficios de alojarse en un monasterio.
10 opciones para probar la experiencia de alojarse en monasterios
El marcado pasado religioso del país hace que España sea de las naciones del mundo con más monasterios. Evidentemente algunos se encuentran en ruinas y otros no admiten visitas pero, según conteos, existen más de 600 complejos monásticos en los que se puede dormir y seguro que alguno queda cerca de casa. Veamos algunos de los alojamientos monásticos más populares de España.

1- Monasterio de Poblet, Tarragona
Imagina ir por una tranquila carretera y, de repente, encontrar cómo a los pies de una montaña se extiende una impoluta muralla adoquinada. Esta entrada de película es el acceso a uno de los edificios religiosos más imponentes de Europa y considerado Patrimonio de la Humanidad: el Monestir de Santa Maria de Poblet.
Este enclave atesora en sus más de 16.000 metros cuadrados un espacio museístico, una iglesia, un archivo y, por supuesto, el monasterio cisterciense, el cual incluye estancias comunes, multitud de celdas, huertos…
Para aquellos que quieran dormir aquí, el Monasterio de Poblet pone a su disposición dos opciones. Por un lado, la hospedería interna permite vivir como un monje o, al menos, junto a ellos. Esta experiencia, sin embargo, solo se permite a hombres y no puede extenderse más allá de siete días. El precio de ese tipo de alojamiento queda a expensas del visitante, ya que en el monasterio exigen únicamente la voluntad.
Otra opción para vivir de cerca esta experiencia con algo más de libertad es alojarse en el hotel. A pesar de no compartir el día a día con los monjes, este edificio se encuentra en el mismo recinto, por lo que el entorno de paz es exactamente el mismo, pero con libertad de horarios. El precio de alojarse en una habitación doble fluctúa entre los 80 y los 120 € en función de la temporada.
2- Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, Cáceres
Que este monasterio franciscano tenga el apelativo de real no es ninguna casualidad. Inició su historia en el siglo XIII en forma de pequeña ermita, pero un siglo después inició su transformación hacia la maravilla que conocemos hoy. Su imponente arquitectura y particular mezcla de estilos han hecho que sea declarado Patrimonio de la Humanidad y, por si fuera poco, es considerado una basílica menor y es el hogar de la imagen de la Virgen de Guadalupe, motivo por el cual el lugar acoge peregrinaciones de forma recurrente.
Las opciones que alberga este monasterio también podrían denominarse reales. En su interior se encuentran tres museos diferentes (esculturas y pinturas, libros miniados y bordados), todos ellos con obras de gran valor y de artistas tan reconocidos como Goya y El Greco, una biblioteca repleta de libros centenarios y un restaurante que pone en valor el producto y la tradición local.
La Hospedería del Real Monasterio de Guadalupe ofrece la paradójica posibilidad de viajar a un pasado mucho más austero a través de un espacio repleto de lujo moderno. Las 47 habitaciones están situadas en un imponente claustro gótico, pero en su interior hay camas dignas de la realeza, baño propio, calefacción, televisión y hasta WiFi.
El precio por alojarse en este curioso “hotel” oscila entre los 55 y los 90 € por persona y noche, mientras que una habitación doble se sitúa entre los 70 y los 115 € en régimen de solo alojamiento. Contratar el servicio de desayuno o comidas supone un extra, claro. El restaurante del Real Monasterio de Guadalupe dispone de un menú que supera los 25 € o la opción de comer a carta.
3- Monasterio de Santa María de El Paular, Madrid
En la Sierra de Guadarrama, a pocos minutos de Rascafría, se encuentra otra joya para los amantes del arte y la arquitectura. Este monasterio benedictino empezó a construirse a finales del siglo XIV, pero no terminó hasta el siglo XVIII, lo que significa atravesar diferentes épocas de la mano de diferentes arquitectos. El resultado es un monumento de interés cultural y un recorrido por la historia del arte de lo más interesante, el cual permite contemplar las diferencias entre un monasterio mudéjar, un retablo plateresco, unos patios renacentistas u ornamentos barrocos.
Más allá de hacer una visita al espacio, el Monasterio de El Paular también alberga otras actividades interesantes. Buen ejemplo de ello es la colección fija de más de 50 lienzos del pintor italiano Vicente Carducho o un programa cultural efervescente que no deja de organizar eventos musicales, mercados, exposiciones y encuentros.
Existen dos opciones para pernoctar aquí. La primera es el alojamiento monástico, el cual se integra dentro del día a día de la zona de clausura, lo que significa seguir al 100 % los horarios y normas de la comunidad. Por motivos religiosos, esta opción, además, está únicamente reservada únicamente a varones.
El precio de esta estancia, como ya pasaba con el Monasterio de Poblet, no está estipulado y depende de la voluntad del huésped. Por último, también hay limitaciones en la duración. En concreto, la estancia mínima debe ser de tres días y la máxima de 14. Eso sí, las estancias son a pensión completa (es decir, desayuno, comida y cena junto a los monjes).
La otra opción para dormir en este monasterio madrileño se encuentra fuera de la zona de clausura, donde las reglas son mucho más laxas. Las pocas habitaciones que disponen en este régimen cuentan con mayores comodidades y, por supuesto, pueden ser alquiladas tanto por hombres como mujeres. Sin embargo, para saber el precio de esta segunda alternativa es necesario llamar, ya que conservan la disponibilidad y los precios bajo secreto de confesión.
4- Monasterio de Santa María la Real de Huerta, Soria
Entre Calatayud y Medinaceli se encuentra otra joya de estilo cisterciense. Fundado en el siglo XII, este monasterio sigue activo hoy en día sirviendo de hogar y lugar de oración a más de una decena de monjes.
Sus muros, sus claustros, sus patios o su precioso refectorio están llenos de una rica historia que incluye diversos reyes, obispos, políticos y otras personalidades de diferentes épocas. Un auténtico tesoro que puede ser descubierto a través de una visita turística rápida o alojándose en la hospedería del Monasterio de Santa María de Huerta, la cual solo cuenta con 17 habitaciones que permiten vivir la vida monacal en primera persona.
Descansar aquí tiene un precio fijo todo el año de 44 € por persona y noche. La mayoría de sus habitaciones son individuales (solo hay tres dobles) y todas incluyen baño propio pero, más allá del aseo, una butaca y algo de decoración, son de corte bastante austero. Este monasterio también es bastante estricto con la duración de las visitas. La estancia mínima es de dos noches, mientras que no se puede reservar más de ocho noches.
5- Monasterio de Santa María del Olivar, Teruel
Conectado a la civilización solo por una sinuosa carretera local (la TE-13, para ser exactos) y rodeado de pinares y muy cerca del río Estercuel se encuentra este monasterio mariano del siglo XVI. Bueno, de hecho las primeras construcciones datan de la época visigótica, sin embargo el edificio fue abandonado, recuperado y reconstruido siglos después hasta llegar a día de hoy, que es considerado Monumento Histórico Artístico.
A efectos prácticos, este monasterio es uno de los que más posibilidades ofrece al visitante. Gracias a su localización es perfecto para convertirse en campo base para senderistas, ciclistas y amantes de la astronomía, aunque no es necesario salir de sus muros para hallar cosas que hacer. Además de visitar la iglesia, el claustro o los jardines, el monasterio cuenta también con un complejo deportivo con piscina, frontón y campo de fútbol, así como una sala para realizar eventos y espacio para albergar campamentos infantiles.
Si nos centramos en el apartado hospedaje, el también llamado Monasterio de El Olivar cuenta con 30 habitaciones para una, dos o tres personas con baño privado y calefacción. Los precios varían entre los 60 y los 120 € por persona y noche sin limitación mínimas ni máximas en el alojamiento. También se puede elegir entre solo alojamiento, habitación y desayuno o pensión completa, en cuyo caso el precio sube un poco, pero a cambio podremos comer junto a los monjes en un refectorio que data del siglo XVII.
6- Monasterio de San Salvador de Leyre, Navarra
En un frondoso bosque de Navarra, muy cercano a la frontera con Aragón, se esconde uno de los monasterios más valiosos de España tanto a nivel histórico como arquitectónico. Se han hallado registros de su existencia ya en el siglo IX, lo que significa que el complejo actualmente benedictino tiene más de 1.000 años de historia, durante lo cuales ha sido muy relevante para el desarrollo de la región.
Su construcción también es todo un espectáculo. Algunos de sus edificios son ejemplares únicos del románico primitivo navarro, así como posee otros espacios fascinantes como una cripta del siglo XI, la iglesia Abacial con su espectacular bóveda gótica y considerada Monumento Nacional o una excelente portada románica del siglo XII, entre otras muchas sorpresas.
Además de una visita turística, el Monasterio de Leyre ofrece a sus visitantes la posibilidad de presenciar ceremonias de canto gregoriano y órgano, disfrutar de eventos culturales y practicar deportes en la naturaleza, además de poder comer o tomar algo en su restaurante y cafetería.
Como pasa en otros recintos activamente habitados por monjes, el alojamiento tiene dos caminos. Por un lado, el hotel cuenta con 32 habitaciones de corte moderno en un entorno rehabilitado con mucho mimo. Al otro está el hospedaje monástico, que invita a convivir junto a la comunidad religiosa y seguir sus horarios. Esta opción también está limitada solo a hombres, su coste depende de la voluntad y debe extenderse un mínimo de tres días y un máximo de ocho tres veces al año.
El precio de las habitaciones oscila entre los 75 y 90 € por persona y noche, mientras que las habitaciones dobles se sitúan entre los 108 y 125 €. Sin embargo, es importante saber que este hotel está sufriendo una remodelación integral y permanecerá cerrado hasta 2028. El restaurante, que elabora cocina tradicional navarra y sí sigue abierto, ofrece un menú cerrado por unos 24 €.
7- Monasterio de Santa María de Montserrat, Barcelona
Este icono turístico y espiritual catalán lo tiene todo para los amantes de este tipo de turismo. La historia empieza con la aparición en el año 880 de la talla de la virgen, la “Moreneta”, hecho que dió inicio a la construcción de pequeñas ermitas en esta montaña de curiosas formas. El monasterio, sin embargo, tardó algo más en llegar. Aunque se desconoce su año de construcción exacto, se calcula que el complejo monacal empezó a tomar forma en el siglo XI.
Hoy, esta abadía benedictina es toda una referencia a nivel nacional e internacional por diversos motivos, aunque uno de los más notables es que es uno de los cinco destinos de la Ruta Mariana. Al visitante, además, le ofrece un sinfín de opciones que van desde descubrir el complejo desde las alturas con un funicular, un teleférico o un tren cremallera hasta contemplar en primera persona obras de Dalí o Picasso en el Museo de Montserrat, pasando por deleitarse con el canto de uno de los coros infantiles con más tradición en Europa o simplemente disfrutar de la gastronomía en uno de sus muchos restaurantes.

A nivel alojativo, el monasterio de Montserrat es otro 10, ya que ofrece una gran cantidad de opciones diferentes y para todo el mundo. La más auténtica es la Hospedería de Montserrat, un espacio de descanso y meditación integrado dentro del propio convento. Esta experiencia, a diferencia de otros conventos, está abierta tanto a hombres como a mujeres y sin un límite mínimo ni máximo de días.
También se puede encontrar alojamientos de corte más hotelero. El más económico es el albergue Abad Oliba, que ofrece cama en habitación compartida por entre 12 y 20 €, así como habitaciones privadas dobles e individuales por 40-75 € y para grupos de hasta 10 personas por algo más de 100 €.
Un escalón por encima se sitúa el Hostal Abat Cisneros, un hotel de 3 estrellas situado justo al lado del monasterio y cuya habitación doble tiene un coste que se mueve entre 100 y 150 €. Por último, están las celdas Abad Marcet, una suerte de apartamentos modernos y con cocina incluida construidos en antiguas celdas monacales. El precio de alojarse en una de ellas es de entre 60 y 120 € por noche.
8- Monasterio de Piedra, Zaragoza
Seguimos con otro de los más célebres de la lista. Este antiguo monasterio cisterciense de finales del siglo XII tiene estrella, ya que ha aparecido en diferentes películas y programas de televisión como “El hombre que mató a Don Quijote” de Terry Gilliam y Johnny Depp y “Traitors España” de Atresmedia, entre otros.
Este enclave hace años que abandonó la vida religiosa y hoy sirve puramente un espacio turístico, pero su espectacularidad y solemnidad permanecen casi intactas. Muros de piedra con ocho siglos de historia, pinturas y carruajes de otras épocas son capaces de transportarnos a otra época, mientras que el museo del vino D.O. Calatayud o la exposición sobre la historia del chocolate enriquecen la experiencia. Mención aparte merece su jardín histórico, un espectacular ecosistema de 150 años de antigüedad plagado de cascadas, zonas boscosas y una fauna de lo más variada.
La única opción para dormir en el Monasterio de Piedra es alojarse en su hotel, el cual aprovecha la antigua arquitectura del complejo para convertir las antiguas celdas en 62 modernas habitaciones dobles. El coste de pernoctar en una de ellas va desde los 110 hasta los 190 € en función del día y época del año.

9- Monasterio de Santa María de Valbuena, Valladolid
Este es otro de esos casos en los que las apariencias engañan. Y es que bajo su piel de monasterio austero del siglo XII se esconde un hotel balneario cinco estrellas. En la actualidad el complejo no alberga ningún tipo de vida monacal ni eventos religiosos, una actividad que terminó con la cesión de los terrenos en 1990.
En la actualidad, el recinto es todo un templo de los sentidos. Piscina termal, circuitos de aguas, tratamientos de belleza y bienestar, espacios habilitados para actos, cuatro espacios gastronómicos diferenciados y un entorno que invita a los paseos y la vida contemplativa.
En la actualidad, el hotel cuenta con cerca de 80 habitaciones, las cuales combinan la arquitectura original con un diseño de lo más contemporáneo. Es complicado determinar un precio medio de esta hospedería debido a las diferentes tipologías de habitación que ofrecen, pero las más asequibles se sitúan entre los 200 y los 350 € por una habitación doble.
10- Hospedería San Martín Pinario, Santiago de Compostela
Que el título de “Hospedería” no te engañe, este edificio terminado en 1747 sirvió durante muchas décadas como monasterio antes de convertirse en lugar de hospedaje en el siglo XIX. Su ubicación tremendamente céntrica y sus modestas habitaciones también han servido para labrarse una gran fama entre los peregrinos que terminan el Camino de Santiago.
En este recinto ya no se ofician misas ni reina el voto de silencio, pero las más de 100 habitaciones de la Hospedería San Martín Pinario han sido cuidadosamente restauradas para transportar en el tiempo al huésped y rememorar cómo vivían los monjes en esa época. Para ello, entre los gruesos muros de cada celda se combina confort moderno como calefacción y WiFi con muebles de forja, ventanales de madera.
Dormir en este antiguo monasterio benedictino tiene un coste que va desde los 55 € en temporada baja (como podría ser noviembre) hasta los 80 € en la época de verano, un precio que sigue siendo competente si comparamos con el resto de opciones que se encuentran alrededor de la Catedral de Santiago. El servicio de desayuno y comida se cobran por separado. La primera opción tiene un coste de 5 € por persona, mientras que el menú diario de la hospedería cuesta 15 €.
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